Igual que la naturaleza lo hace el paisaje y cambia de las anchas blancas playas del atlántico con sus orillas blancas en caminos de arena por los pinares, los campos abiertos de los girasoles, naranjos y cereales, las fincas interminables con los hermosos toros bravos, a los montes salvajes con sus casi olvidadas vereas de mulos pasando por molinos y cortijos caídos.
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